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De animales y bestias.

16 May

Orión tiene 10 años y un buen amo. Su pelaje es marrón, de estatura pequeña, con ojos grades del color de la miel. Su corazón es igual de dulce. A veces, cuando va de paseo se pierde entre los árboles y la maleza que hay en el monte. De repente, aparece corriendo, después reposa sobre las piernas de su dueño. Entorna sus ojos como si estuviera mirando el mundo desde la distancia que da una cierta edad. Si pudiera expresar en lenguaje humano sus sentimientos, diría que ahora le va muy bien. Alguna vez parece alterado, sobre todo cuando oye a alguno de su especie que “llora”. Porque los perros lloran. Lloran cuando se muere su dueño, cuando son maltratados, lloran por el mundo y por nosotros los humanos. Lloran incluso cuando parecen recordar sus malos momentos. Conozco alguno que sabía que se iba a morir y al mirar a su dueña soltó dos inmensos lagrimones. He visto también su cara de agradecimiento cuando, tras un envenenamiento en el campo, corres con él para que el veterinario o en la farmacia más próxima le pinchen el antídoto.

Orión tiene una cicatriz en el lado izquierdo del cuello. Cuando tenía 3 años vivía en una finca con otros perros. No pasaba un día sin que alguno de ellos recibiera su “medicina”. Ese era el nombre que el horrible dueño utilizaba para denominar a los castigos que aplicaba sin piedad. Los perros recibían golpes, quemaduras al arrojarles agua caliente. Alguno era lanzado escaleras abajo, fracturándose las patas. Un día fue metido en un jaulón con dos perros viejos. Sentía que no le era simpático al humano que conducía la camioneta. Nunca lo había acariciado, ni respondía a la alegría de su cola. Los bajaron al lado de un gran castaño. Los más viejos tenían una cuerda alrededor del cuello. Ahora le tocaba a él dejarse atar, pero su instinto hizo que se revolviera, intentando morder la mano del antiguo dueño. En un golpe de furia infinita el humano agarró el cuchillo de monte y Orión sintió todo el fuego y el dolor que puede sentir un animal en su cuello. Lo encontraron unos jóvenes que lo llevaron al veterinario. Se salvó de milagro y fue acogido por un animal humano tan cálido y cariñoso como el propio perro.

Nosotros, los humanos, nos creemos los dueños del planeta y de todo lo que contiene. Usamos a los animales para comer, abrigarnos, divertirnos, tener compañía, curarnos, recibir caricias, experimentar nuevos productos, etc. Muchos los usan para amenazar, los usan como un arma potencial que los hace grandes por fuera. Pequeños hombres por dentro son esos que además, en su sadismo, ahorcan a los perros y les divierte verse “colgados en la red”, no del árbol con sus animales. Son, en realidad, grandes bestias negras.

Los derechos de los animales han sido importantes desde los orígenes de la humanidad. El uso de los mismos en la supervivencia de nuestra especie no puede llevar implícito el abuso y la crueldad. La defensa de esos derechos es un legado tan hermoso como horrible es el testimonio de los malos tratos. Los más concienciados con la problemática del sufrimiento animal los encontramos dentro del colectivo de biólogos y científicos, puesto que son ellos los que más directamente los usan en su trabajo de laboratorio y de campo. Hay testimonios conmovedores. El cirujano Christian Barnard narra una experiencia que tuvo con dos chimpancés. Los usaba en experimentos como donantes para transplantes de corazón. Al preparar a uno para la operación el chimpancé chilló y lloró sin cesar. Cuando se lo llevaron para la extracción, su compañero lloró con amargura durante varios días. Este fue el final de su experimentación con estos primates.

En el pensamiento filosófico nos encontramos una tradición de amor a los animales muy antigua. Pitágoras de Samos tenía como una de sus reglas de oro el no comer carne. Decía que el hombre no conseguiría ni la paz ni la salud, mientras continuara masacrando a los animales. Esa actitud se reflejaría en su relación con el resto de sus congéneres: el asesinato y el dolor. Es más, A. Schopenhauer escribía que el que es cruel con los animales no puede ser un buen hombre. En esta línea encontramos defensores de una formalización de los derechos de los animales, basada en su indefensión y en que sufren igual que nosotros.

Dentro de la filosofía española destaca un artículo de Xavier Rubert de Ventós sobre un congreso que tuvo como motivación los derechos de los animales. Muchos filósofos discutían “como perros” sobre los derechos de los animales. Para Jesús Mosterín, por ejemplo, lo importante es si el ser humano apuesta por cuidar el medio, con los animales y plantas incluidos, o prefiere la explotación indiscriminada y la destrucción consciente. Las tesis son variadas, pero en ellas aparece la idea de qué podría ocurrir si se legitima una relación meramente instrumental con seres considerados inferiores. ¿Se abriría la puerta a explotar a otros seres humanos diferentes a nosotros y que no nos gusten o que la sociedad en la que vivimos considere como hombres inferiores?. También podemos suponer la hipótesis de no ser el único planeta habitado. Si hubiera otra forma de vida “superior”, más poderosa que la nuestra podrían usarnos para su bienestar, su comida, su diversión. Podrían hasta ahorcarnos y colgar la foto o un video en algún tipo de red cósmica. Suena a bestia.

Piraru

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5 comentarios

Publicado por en 16 mayo, 2011 en Relato-ensayo

 

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5 Respuestas a “De animales y bestias.

  1. Cristina Barbero Fernandez

    31 mayo, 2011 at 9:36 AM

    Es una historia conmovedora como tantas otras. La crueldad a los animales tenian que estar muy penadas y no arreglarse con una simple multa.
    Las farmaceuticas con sus laboratorios y experimentaciones, El mercado de las Pieles para vestir a las Sras.de alta sociedad, El tráfico Indiscriminado de animales exóticos que desequilibran su habitat.
    La gente cada vez tiene menos valores éticos y morales. Por eso estamos los que podemos en la medida que nos dejan ayudando a estos seres tan divinos como la misma naturaleza.

     
    • luciernagadelroque

      1 junio, 2011 at 3:45 PM

      Si somos animales también, no veo que haya que maltratar a los demás seres vivos. Apliquemos el imperativo categórico que nos exige comportarnos como si el objetivo de nuestra acción fuéramos nosotros mismos.

       
  2. Cristina Barbero Fernandez

    1 junio, 2011 at 8:58 PM

    Gracias por rsponder amiga. La gente suele esconder la cabeza como hacen nuestras amigas las avestruces, Soy defensora de los animales y lo seré hasta que ya no me queden fuerzas para luchar por ellos.

     
  3. Cristina Barbero Fernandez

    1 junio, 2011 at 9:00 PM

    Por cierto la historia de Orión la he dejado en mi muro en facebook, con enlace a tu página. Un abrazo amiga mia.

     
  4. lola

    13 julio, 2011 at 1:04 PM

    Es realmente triste tener que seguir oyendo casos de maltrato hacia los animales, ya que deberiamos tomarlos como ejemplo a seguir,ellos saben convivir en armonia con la naturaleza y no estropean el planeta como estamos haciendo la humanidad que “nos creemos los amos” de todo y simplemente estamos de paso y somos animales que hablamos y razonamos, aunque algunos no mucho.
    Amemos y cuidemos a los seres vivos, todos somos un conjunto.
    saludos.

     

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